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Me acobardó la soledad, y el miedo enorme de morir lejos de ti. Qué ganas tuve de llorar, sintiendo junto a mi la burla de la realidad. Y el corazón me suplicó que te buscara y que te diera mi querer. Me lo pedía el corazón, y entonces te busqué, creyendote mi salvación. Y ahora que estoy frente a ti, parecemos dos extraños. Perdón si me ves lagrimear, los recerdos me han hecho mal. Palideció la luz del sol al escucharte fríamente conversar. Fue tan distinto nuestro amor, y duele comprobar que todo terminó. Qué gran error volverte a ver, para llevarme destrozado el corazón.