Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura.
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Yo tenia el primer papel, él era el protagonista de la historia más triste de todas las de amor. Lo fiché desde lejos, y al ritmo de su cuerpo, mi mirada bailó. Se rompian los espejos reflejando su hermosura, se rompían los esquemas de mi pobre corazón. "Dichosa si es que existe la dueña de esta perla, de esta obra de arte, de esta boca de miel" me dije y ahí nomás, a pesar que existia, ni papel ni virome, derechito al hotel. Supe que era casado y con problemas de pareja, y que no soportaba gente de mal humor. Él le caia bien a todos mis sentidos, menos cuando la novia era el tema de hablar, cuando su confesión lastimó mis oidos, me dije "no lo escuches, no te ahoges en su mar". Yo abri de par en par las puertas de mi alma, y dejé que saliera mi secreto peor. Disimulando lo triste y conservando la calma, le dije "aunque no creas, estoy buscando amor". Nos rendimos los dos a fingir como tontos, que él era mi marido y que yo era su mujer, pero al cabo de un tiempo yo no quería ser su esposa, y él quiso volver a ser el hombre infiel. Ahora él está feliz, volvió con la idiota, yo recorro las calles buscando otro amor. Y aprendí que mentirse tiene patas muy cortas, y que siempre la costumbre va a matar al placer.
Publicado por
Abril Lee Místuits
el
12/14/2011 01:09:00 p. m.